La Stationsplein en Apeldoorn tiene una pared “creciente”, que con su forma de media luna, se presenta como un plano majestuoso al terreno urbano. La oficina de impuestos se encuentra en la parte Oeste de este creciente.
El complejo limita en sus tres caras rectas con los edificios de pequeña escala de la Sophialaan, con una gran línea ferroviaria y estación de autobuses y con una concurrida avenida.
Como concepto se ha optado por una forma arquitectónica clara y fuerte que contraste a la vez que responda al contexto variable en el que el edificio se encuentra.
Su estructura en forma de peine con patios abiertos puede leerse como un gran volumen continuo pero también como volúmenes sueltos de menor tamaño. Esta estructura forma, a la vez, la pauta de organización del edificio.
En el eje longitudinal del “peine”, una calle interior une las distintas partes de edificio. Esta tiene origen en el vestíbulo principal de planta baja que está frente a la plaza. Los espacios que dan a esta calle interior pueden distribuirse y dividirse libremente. En altura las plantas se enlazan a través de unas escaleras que se sitúan a lo largo de huecos que contiene la calle.
El principio arquitectónico, en el que el edificio es legible tanto como un gran volumen como la adición de pequeños volúmenes, se manifiesta de nuevo en el uso de materiales. El volumen principal está definido por un enrejado blanco prefabricado que marca el contorno del edificio principal siguiendo, cuando llega a la plaza, las distintas partes del creciente y convirtiéndose en planta baja en una arcada. El relleno de este enrejado, distinto según la situación, es de cristal y de elementos prefabricados oscuros. Las fachadas en el patio interior son, en contraste, completamente de madera.
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