La adjudicación por concurso del Parque Hartenstein puso a DKV ante un dilema: cómo edificar plenamente en un bosque cuyo atractivo residía justamente en su escasa edificación, para ello se planificó la mitad del programa bajo el nivel del suelo.
El plan consiste en siete discretas 'villas de bosque' de volumen similar al de las villas tradicionales de Oosterbeek. Estos pequeños edificios de apartamentos poseen patios hundidos que proveen de suficiente luz natural a los espacios subterráneos y mantienen un contacto directo con el bosque.
Cada una de las tres plantas de la villa contiene un apartamento con una gran galería. El volumen de tres alturas se eleva un metro por encima del nivel de suelo y se apoya sobre un sótano, dónde se encuentran el garaje, los estudios y las habitaciones para huéspedes las cuales limitan con el patio.
Las instalaciones se concentran en un solo núcleo. Esto permite mayor libertad para distribuir los apartamentos y surge a su vez una mayor variación entre los edificios, reforzando un cierto carácter de aldea.
Desde el punto de vista arquitectónico, se parte de la transparencia y la simplicidad en la forma. Las fachadas alternan vidrio con madera lo que intensifica su vínculo con el bosque. La gran cantidad de paneles de vidrio permite una vista excelente del paisaje mientras que los paneles de madera acentúan su afinidad directa con el bosque y al mismo tiempo garantizan la privacidad de sus residentes. El espacio alrededor de los edificios se acondiciona de tal forma que se integre en la medida de lo posible con el paisaje forestal.



